Historia de las Doctrinas Filosóficas


Historia de la filosofía occidental, Bertrand Russell by rococokahani
15 octubre, 2008, 4:20 pm
Filed under: Sócrates el Filósofo

“Indiscutiblemente fue un ciudadano ateniense de poca fortuna que se pasó el tiempo en disputas, enseñando filosofía a los jóvenes, pero no por dinero, como los sofistas. Es seguro que fue procesado, condenado a muerte y ejecutado en 399 a.C., cuando tenía cerca de setenta años” -p.109-

“Dos de sus discípulos , Jenofonte y Platón escribieron sobre él ampliamente, pero decían cosas muy distintas.” -p.109-

“Sócrates se encontró con un joven que quiso ser general y le convenció de que le sería útil conocer el arte marcial. Así, el joven estudió un corto curso de estrategia. Cuando volvió, Sócrates, después de una alabanza satírica, le envió a que siguiera estudiando. […] Otro joven fue estimulado por él a aprender los principios de las finanzas- lo mismo quiso hacer con mucha gente, incluso con el ministro de la guerra. Pero se acordó de que era más fácil hacerle callar por la cicuta que sanar los males que él señalo”
“El diálogo que se considera más histórico es la Apología. Pretende ser el discurso que Sócrates hizo en su propia defensa en el pleito naturalmente, no es un relato taquigráfico, sino lo que retuvo la memoria de Platón varios años después del acontecimiento, elaborado literariamente. Platón estaba presente en el proceso, y ciertamente parece muy claro que lo que está escrito es aquello, que Platón recordó haberle oído a Sócrates, y que el propósito es- hablando en sentido general- histórico. Con todas sus limitaciones, es lo suficiente para dar un retrato bastante fiel del carácter de Sócrates.” -p.111-
“Sócrates es un malhechor y persona extraña, indagando las cosas subterráneas y más allá del cielo; haciendo parecer lo malo causa buena; enseñando todo esto a los demás”
-argumento de los acusadores,p.111-

“…Fue declarado culpable por mayoría, y después le fue concedido, según la ley ateniense, que solicitara una pena menor que la de muerte. Los jueces tenían que elegir, si encontraban culpable al acusado, entre el castigo pedido por los acusadores y el de la defensa. […] Sócrates […] propuso una caución de treinta minas a la que algunos de sus amigos ( entre ellos Platón) estaban dispuestos a responder. Era un castigo tan pequeño que el tribunal se indignó y le condenó a muerte por una mayoría aun más copiosa que la que le había declarado culpable…” –pp.111,112-

“Los acusadores eran Anyto, político demócrata; Mileto, un poeta de tragedias, ‘joven y desconocido, con el cabello escaso, una barba corta y nariz ganchuda’, y Lykon, un retórico oscuro […] Sostuvieron que Sócrates era culpable de no adorar a los dioses venerados por el estado , sino de introducir otras divinidades nuevas, y además de haber corrompido a los jóvenes por medio de sus enseñanzas” -p.112-

“Sócrates comienza por acusar de elocuencia a sus acusadores y niega ser culpable de esta misma falta. Dice que la única elocuencia de la cual es capaz es la de la verdad. Y que no deben indisponerse con él si habla en la manera acostumbrada, no en ‘oración compuesta, convenientemente adornada de palabras y frases’. Tiene más de setenta años y jamás había aparecido ante una corte de justicia hasta ahora: por eso ruega que le perdonen su modo poco jurídico de expresarse” -p.112-

“… además de sus acusadores legales existe un gran número de acusadores irregulares, quienes, desde que los jueces eran niños habían ido ‘hablando por ahí de un Sócrates, un sabio que especulaba sobre los cielos e indagaba lo de debajo de la tierra, haciendo aparecer lo malo bueno’. Se dice que estos hombres no creen en la existencia de los dioses. Esta antigua acusación por la opinión publica es la más peligrosa que la legal, tanto más cuanto que no sabe cuáles son las personas de la que proceden tales acusaciones, excepto en el caso de Aristófanes. Señala, en repuesta a estas razones antiguas de la enemistad que no es hombre de ciencia – ‘nada tengo que ver con las especulaciones físicas’-, que no es maestro y que no cobra nada por enseñar. Continúa luego burlándose de los sofistas y negando los conocimientos de aquellos que pretenden tener. ¿cuál es, pues, ‘la razón por la cual se me llama sabio porqué tengo tan mala fama?’” -pp.112,113-

“Parece que el oráculo de Delfos fue consultado una vez sobre si había un hombre más sabio que Sócrates y replicó que no. Sócrates declara haberse quedado completamente extrañado, pues sabía que no sabía nada, y , sin embargo, un dios no puede mentir. Por eso anduvo entre los sabios para ver si podía convencer al dios de su error. Primero acudió a un político que era considerado sabio por muchos y aun más sabio por él mismo. Pronto se dio cuenta de que el hombre no era sabio y se lo explicó amablemente, pero con firmeza, ‘y la consecuencia fue que me odió’. Después se dirigió a los poetas y les rogó que le explicaran los pasajes de sus escrito, pero fueron incapaces. ‘Entonces supe que los poetas no escriben por sabiduría sino por una especie de genio e inspiración’. Después fue a los artesanos, pero les encontró también desilucionantes. Se hizo –dijo- de muchos enemigos peligrosos así. Finalmente dijo: ‘Sólo Dios es sabio’, y por su contestación quiere mostrar que la sabiduría de los hombres no vale nada o poco; no habla de Sócrates, solo usa su nombre a guisa de ilustración, como si dijese: ‘¡oh, hombres!, es el más sabio aquel que, como Sócrates, sabe que su sabiduría verdaderamente no vale nada’. La tarea de educar a los pretendientes a la sabiduría le ha dejado en extrema pobreza, pero siente que es su deber vindicar el oráculo.” -p.113-

“Aquel hombre bueno y verdadero amante de su patria, como se llama así mismo’. Pregunta quiénes son las gentes que perfeccionan mejor a los jóvenes. Meleto menciona primero a los jueces; después; presionado, se le lleva a paso a paso a decir que todo ateniense, excepto Sócrates, educa bien a los jóvenes; sobre lo cual Sócrates felicita a la ciudad por su buena suerte. Después señala que los buenos deben vivir mejor entre ellos que entre los malos, y por lo tanto no puede ser tan tonto como para corromper a sus conciudadanos intencionadamente; siendo sin mala intención, Meleto debía instruirle en vez de perseguirle.” -Sócrates examinando a Mileto, p.113-

“La acusación había dicho que Sócrates no solamente negaba los dioses del estado sino que introducía a otros dioses propios; Meleto, sin embargo, proclama que Sócrates es completamente ateo, añadiendo: ‘Dice que el sol es un una piedra y la luna tierra’[…]Sócrates señala que esta nueva acusación de ateísmo está en contradicción con las anteriores” -pp.113,114-
“…El resto de la apología tiene un tono esencialmente religioso. Había sido soldado y permanecido en su puesto como le fue ordenado. Ahora ‘Dios me ordena cumplir la misión del filósofo en búsqueda de mí mismo y de los demás hombres’, y sería tan vergonzoso abandonar su puesto ahora como en el momento de la batalla. El temor de la muerte no es sabiduría, puesto que nadie sabe si la muerte no sería bien mayor.”

“No hay duda que el Sócrates histórico pretendió ser guiado por un oráculo o Daimón. Si esto era análogo a lo que el cristiano llamaría la voz de la conciencia, o si le pareció ser una voz verdadera, tampoco se puede saber. Juana de Arco fue inspirada por voces, síntoma corriente de locura. Sócrates probablemente sufría trances catalépticos; al menos esta parece ser l a explicación natural de un incidente que ocurrió cuando estaba en el servicio militar:
‘Una mañana estaba meditando sobre algo que no podía resolver; no quiso ceder sino que continuó pensando en ello desde la mañana hasta mediodía; estaba absorto, rígido en sus pensamientos, y por la tarde llamó la atención y corrió el rumor por la asombrada multitud de que Sócrates había estado inmóvil y pensando sobre algo desde el amanecer. Por fin, a la noche, después de cenar, algunos jonios sacaron sus esteras y durmieron al aire libre, por curiosidad, para poder observarle y ver si Sócrates permanecía en pie toda la noche (claro que esto ocurrió en el verano). Allí estuvo hasta la mañana siguiente , y cuando volvió la luz del día, ofrendó una oración al sol y se marchó’.
Cosas como éstas, en menor escala, ocurrían frecuentemente a Sócrates. Al principio del Symposium, Sócrates y Aristodemo van juntos al banquete, pero el primero se queda abstraído. Cuando llega Aristodemo, Agathón, el anfitrión, dice: ‘Qué has hecho de Sócrates?’, y Aristodemo se asombra de que Sócrates no esté con él; se manda un esclavo a buscarle y se le encuentra en el pórtico de una casa vecina. ‘Allí está rígido, dice el esclavo cuando vuelve, y aunque le llamé no se mueve’. Los que le conocen bien explican que ‘su costumbre es pararse en cualquier parte y extasiarse sin razón’. Le dejan, y entra cuando la fiesta ya está a la mitad.” -pp.116,117-

Roco

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